viernes, 25 de diciembre de 2009

RAZONES CIUDADANAS – Por José Omar Telmo

Reflexiones basadas en 1º Juan

¿Con qué propósito Dios dispuso que se escribiera La Biblia? ¿Para qué se escribió? O podemos preguntarnos también ¿para qué la leemos?

Hacemos bien en preguntarnos estas cosas. Como creyentes es correcto inquirir acerca de nuestra fe. Esto no es lo mismo que dudar sino que significa encontrar plena satisfacción intelectual en nuestra creencia en Dios y Su Revelación. Para que seamos buenos ciudadanos de la Patria Celestial.

En la Primera Epístola de Juan encontramos tres razones por las cuales fueron escritas Las Sagradas Escrituras. Leamos los siguientes versículos: 1:4, 2:1 y 5:13. Esas razones conllevan la idea de beneficio para nosotros, los que creemos.. Es decir, fueron escritas para nuestra edificación personal (Romanos 15:4). Si estudiamos esta carta seguramente encontraremos más cosas pero en estas reflexiones nos detendremos sólo en los textos mencionados.

El creyente en Cristo recibe la vida de Dios. Recibimos una vida que antes no teníamos y por ende, no sabemos como vivirla. Esta vida se muestra de varias formas muy concretas. De esto trata la carta, de los hijos de Dios y las evidencias de tal identidad. Para el apóstol Juan, una persona es un hijo de Dios o no lo es; no hay una posición intermedia. De allí que el apóstol sea un tan extremista en sus afirmaciones.

En estas tres meditaciones consideraremos tres cosas que tenemos como hijos de Dios:

1- Un derecho: el gozo de la comunión (1:4)

2- Un deber: la santidad de vida (2:1)

3- Una garantía: la certeza de la salvación (5:13)



UN DERECHO: EL GOZO DE LA COMUNIÓN

“Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.” (1 Juan 1:4)

La comunión cristiana es más que coexistir con otros, más que convivir. Es compartir íntimamente. La comunión es tener algo en común con otros, es participar en compañerismo con otros en cosas comunes. Es una relación de dar y recibir continuamente.

La comunión cristiana tiene estas características: su fuente, su objeto y su centro se hallan en CRISTO (vs.1-3). El es el Eterno Dios que tomó forma humana. No vemos físicamente al Señor, pero podemos tener comunión con Él. Esto nos enseña el pasaje.

Cristo se manifestó para que entremos en comunión con el Padre por su intermedio y con la asistencia del Espíritu Santo.

La plenitud de nuestra comunión se ve en que es con la Trinidad y con nuestros hermanos. Nuestra comunión es vertical (con Dios) y horizontal (con los hermanos). No hay tal cosa como el individualismo cristiano porque la comunión implica otros, en el corazón, en el cielo y en la tierra. Tampoco hay tal cosa como comunión con los no creyentes. Decididamente en lo esencial no hay nada en participación con ellos: sus motivaciones, métodos y metas son absolutamente diferentes ya que no hay nacido de nuevo.

El saber estas cosas nos protegen de enseñanzas erróneas y de prácticas malsanas. Por un lado nos libran de mentiras pero por otro, nos permite unirnos a los testigos oculares del Señor Jesús. Ahora somos uno en Él.

Sólo el verdadero creyente que practica esta clase de comunión obtiene el gozo auténtico, la alegría verdadera, la dicha que sobrepuja todo sufrimiento. Es más, puede profundizar en ello sin riesgo ninguno. Es una de las cosas que Cristo no concede como hijos de Dios, al confesarle como único y suficiente Salvador.

Permíteme decirlo otra vez: si eres hijo de Dios tienes este derecho (Juan 1:12). Juan te escribió para que lo uses. Vive la realidad de tu comunión con Dios. Entonces encontrarás el verdadero gozo.



UN DEBER: LA SANTIDAD DE VIDA

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis, y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo.” (1 Juan 2:1)

El verdadero cristiano no tiene por habitualidad practicar el pecado pero es cierto que nunca en su vida se liberará totalmente de él. Esto no es impecabilidad sino santidad.

La santidad como creyentes implica que reconozcamos la realidad del pecado, luchar con él y vencerlo, decir no. El pecado es algo evitable pero no olvidemos que somos frágiles y que Satanás es poderoso. Y que hay un traidor adentro: la vieja naturaleza heredada como miembros de una raza caída en el pecado.

La comunión con Dios no exige ser impecables sino que todos nuestros pecados sean sacados de su presencia, esto es, confesados y abandonados. Esto impone que seamos abiertos y honestos. Dios es santo, debemos serlo también. A eso Dios nos convoca y nos capacita. Pero esta comunión se interrumpe cuando cometemos algún pecado, cuando dejamos de hacer lo que sabemos es correcto. Y cuando peco, necesito ayuda importante. Juan nos dice que tenemos alguien que puede auxiliarnos: Jesucristo, el Hijo de Dios. El es nuestro Abogado, quien habla a nuestro favor delante de Dios, sale en nuestra defensa, atiende nuestra causa.

De allí aprendemos que el pecado en nuestra vida no es cosa liviana, no es un asunto fácil de resolver, que necesitamos ayuda. La Biblia nos enseña que cuando pecamos nuestra situación se vuelve complicada, que el pecado en el creyente es algo grave, que es imposible resolverlo sin ayuda divina.

El pecado corta mi comunión con Dios, pero no termina mi relación de hijo de Dios. Entristece mi alma, me quita el gozo, arruina la dirección de Dios en mi vida y me pone en riesgo espiritual. Pero aún así por la gracia de Dios y la perfecta obra de Jesucristo en la Cruz, sigo siendo un hijo de Dios. Sólo que ahora hay que resolver urgentemente a través de la confesión y abandono el pecado que hubiéremos cometido. Somos llamados a vivir en santidad.

No lo olvidemos: Jesucristo es nuestro Abogado en el cielo, nuestro intercesor ante el Padre.



UNA GARANTÍA: LA CERTEZA DE LA SALVACIÓN

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1 Juan 5:13)

El apóstol Juan nos escribe para darnos seguridad como creyentes, para hacernos saber que tenemos vida eterna, vida de Dios. Al igual que Juan 20:31. Allí era para evangelizar a sus lectores, aquí para edificarlos.

“Estas cosas os he escrito” quiere decir todo lo que contiene la carta. Los que creen, tienen. ¡Qué garantía! Ver Juan 20:29.

Esto no es para presumir o alardear, no es para volver a pecar, total ya soy salvo. No. Nada eso. Nos escribe para que sigamos confiando en el Señor, para que sigamos creciendo en nuestra comunión con Dios, para que sigamos abundando en el servicio a Su Nombre.

¿Tenemos dudas? ¿Estamos atravesando alguna prueba? Esto se ha escrito para que sepamos que tenemos vida eterna, que Dios es nuestro Padre para siempre. Para que tengamos certeza a pesar de que otros digan lo contrario o nuestras emociones nos traicionen. Se ha escrito para tengamos un conocimiento seguro de nuestra situación ante Dios.

Quiero ser claro: Una cosa es que tu salvación es segura, que nada hará que te puedas perder la vida eterna. Otra es que tengas certidumbre al respecto, de que te sientas seguro de ello. La Palabra de Dios nos da la certeza de la seguridad de nuestra salvación.

Pero ¿habrá alguien que todavía no ha confiado en Jesucristo como su único y suficiente Salvador personal? Al tal le invitamos a leer en Juan 1:12 y 1º Juan 3:23. Solamente en el Señor Jesús hay salvación, y una salvación plena.

Tengamos presente esta verdad eterna: nuestra salvación depende de Dios.

jueves, 10 de diciembre de 2009

LA PALABRA DE DIOS Y EL CREYENTE - Por José Omar Telmo

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel a mi boca.” Salmo 119:103

¡Qué maravilloso libro es La Biblia! Es el libro de Dios. Ese libro es verdad infalible (significa que nunca decepciona, ni equivoca, ni engaña, por lo que es de total confianza y fidelidad).

La Biblia nos habla al corazón, nos dice cómo somos, descubre nuestro ser interior. Nos habla de ese mal llamado pecado pero también de la única solución: Jesucristo.

Escribió hace un tiempo el Dr. José Grau: «Sólo la Palabra de Dios posee el mensaje que nuestra época tiene necesidad de oír. Sólo la Biblia puede devolverle el equilibrio al ser humano, al darle la medida exacta del valor de su dignidad y de su trabajo creador, al mismo tiempo que le señala el camino realista de sus limitaciones y la manera de superarlas.»

¿Qué actitud asume un auténtico seguidor de Cristo respecto a La Biblia? Si tú lo eres, hay muy buenas noticias. He aquí algunas de ellas.

1- Puedo confiar totalmente en La Biblia.

El Espíritu Santo mismo atestigua a nuestra alma con su silencioso pero vital mensaje de que ella es La Palabra de Dios. Quien experimentó la obra de renovación espiritual (llamado en La Biblia nuevo nacimiento) posee este testimonio interno. Por nuestra parte y a modo distintivo, el Salmo 119: 1-2 y 5, nos indica la actitud correcta que debemos tener.

2- La Biblia tiene gran valor para mí.

Por varias razones, cada una de ellas válidas en sí mismas:

2.1- ella trabaja para mí, hace algo a mi favor. Por ejemplo, me anuncia el Evangelio.

2.2- ella me ayuda en toda circunstancia. Es portadora de promesas grandes.

2.3- ella es mi manual para la vida práctica. Saturada de instrucciones.beneficiosas.

3- Tres consejos para leer y estudiar tu Biblia.

Para crecer en la fe cristiana, es necesario leer y estudiar el texto bíblico. Cuando lo hagas, pregúntate:

¿Qué es lo que dice? Esto es observación

¿Qué es lo que significa? Esto es interpretación

¿Qué es lo que significa para mí? Esto es aplicación

Las lecciones de Hebreos

Pasemos ahora a las lecciones que el libro de Hebreos nos trae sobre este tema. Allí se nos dan varias advertencias que, en la rutina de todos los días, solemos olvidar:

No descuidar Su Palabra = 2:1-4

No dudar de Su Palabra = 3:12-13 y 4:11

No apartarse de Su Palabra = 6:4-6

No menospreciar Su Palabra = 10:26-29

No disentir de Su Palabra = 12:25

Seamos sinceros, ¿no nos ocurre esto de vez en cuando? Triste es pero debemos admitirlo. Especialmente los que tenemos años en la vida cristiana, ¡cuántas veces hemos pecado respecto a La Palabra de Dios!

Hebreos 4:12

Leamos juntos este texto tan rico en enseñanzas para nosotros. De allí aprendemos al menos lo siguiente: La Palabra de Dios es viva (surge del Dios vivo y es capaz de producir vida), es eficaz (hace lo que dice que va a hacer, es activa y poderosa), es cortante (capaz de distinguir lo que es o no de Dios), es penetrante (atraviesa hasta llegar a lo más profundo del ser) y es discerniente (juzga los pensamientos íntimos y las motivaciones secretas de las personas). (Isaías 55:11 y Jeremías 23:29).

El trabajo de La Palabra

Claramente podemos afirmar que La Palabra de Dios trabaja en el corazón, en el centro mismo de nuestro ser. Profundicemos un poco más.

En el no cristiano, La Palabra de Dios es el agente que genera la fe (Romanos 10:17), produce sabiduría (2º Timoteo 3:15), convierte el alma (Salmo 19:7) y produce regeneración (1º Pedro 1:23).

En el cristiano, La Palabra de Dios nutre el alma (1º Pedro 2:2), energiza la vida espiritual (1º Tesalonicenses 2:13), sobreedifica (Hechos 20:32) y es un agente purificador (Efesios 5:26; Salmo 37:31).

¡Qué maravillosa Palabra! Ella es capaz de hacer lo milagroso porque su Autor es el especialista en lo imposible. Seamos agradecidos por tan grande expresión de Su Gracia.

Antes de sacar algunas aplicaciones concretas, miremos un momento qué trabajo hace La Palabra en nosotros:

Obtenemos vida eterna por La Palabra (Jn. 5:24; 6:39, 63; 7:45­-46).

Nacemos por La Palabra (Luc. 1:38; Sant. 1:18 y 1 Ped. 1:2-3).

Crecemos por La Palabra (Mat. 4:4 y 1 Ped. 2:1-2).

Llevamos fruto por La Palabra (Jn. 15:7-8; 1 Jn. 2:5).

Nos edificamos por La Palabra (Hch. 20:32; Mat. 7:24-25).

Renovamos la mente por La Palabra (Rom. 12:2; Stg. 1:21).

Recibimos fe por La Palabra (Rom. 10: 17; Hbr. 11: 6).

Tomamos conciencia de nuestra herencia por La Palabra (Hch. 20:32; 2 Pdr.1:3).

Obtenemos un conocimiento pleno de La Palabra de Dios de Sus Planes, y participamos de la misma naturaleza divina (2 Ped. 1:4).

Ella lo hace más allá de nuestra capacidad o motivaciones. No depende de nosotros, gracias a Dios. ¡Elevemos alabanzas a Su Nombre porque depende exclusivamente de Dios!

Aplicaciones personales

«Estudia La Biblia para ser sabio. Confía en ella para ser salvo. Practícala para ser santo.»

1- Obediencia ante todo.

«El obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros» (1ª Samuel 15:22).

«Oh hombre, te ha sido declarado lo que es bueno, qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar la misericordia, y caminar humildemente ante tu Dios» (Miqueas 6:8).

«Sus mandamientos no son gravosos» (1.a Juan 5:3), y «en guardarlos hay gran galardón» (Salmo 19: 11).

Nuestro deber como cristianos: honrar a Dios.

Nuestro privilegio como cristianos: beneficiarnos de Su Palabra.

2- Evaluando nuestro conocimiento de Dios. Examínate con estos indicadores:

Quienes conocen a Dios despliegan gran energía para Dios (Daniel11:32).

Quienes conocen a Dios piensan grandes cosas de Dios (Daniel 4:5 y 5:21; 1 Crónicas 16:25; Salmos 48:1).

Quienes conocen a Dios evidencian gran denuedo por Dios (Los Hechos 5:29; 20:24).

Quienes conocen a Dios manifiestan gran contentamiento en Dios (Romanos 8:18-39; Filipenses4:11-12, 18; Salmo 73:25).

3- Sacando el mejor provecho de La Biblia. Te invitamos a:

estudiar La Palabra,

confiar en La Palabra,

obedecer La Palabra,

reverenciar La Palabra,

deleitarte en La Palabra,

amar La Palabra,

evitar las corrupciones que La Palabra denuncia,

orar para comprender La Palabra,

tener un espíritu de expectativa de conocer y que se cumpla La Palabra.

ALGUIEN DEBE TOMAR EL CONTROL – Por José Omar Telmo

Leí recientemente esto que les comparto para ver qué les parece: «No habrá buenos gobiernos, gobiernos confiables, sin buenos controles; y no habrá buenos controles con ciudadanos desatentos, inactivos y desinteresados en cuanto a los asuntos de la polis (estado).» (Fuente: www.elauditor.info)

¿Se comprende? El sentido común nos indica que los controles son necesarios, pero deben realizarse en tiempo y forma con una clara búsqueda de mejorar lo que se controla e impartir premios y castigos a los responsables correspondientes. ¿Percibimos que esto sucede en nuestra sociedad? Tenemos la impresión de que a nuestro alrededor faltan controles o resultan escasos o mal efectuados. La noticia por un accidente que pudo ser evitado, desgracias que fueron anticipadas pero nada se hizo para sortearlas, protagonistas de delitos que salen impunes o cuántas cosas más que leemos; nos llevan a confirmar esta impresión.

La pregunta es inevitable: ¿somos así de desatentos, inactivos y desinteresados? Parece que algo de eso debe haber. Seguramente nos cuesta aceptar esa realidad. Pero, ¿es posible modificar la situación? Esto requiere de profundos cambios de actitud. No es algo a lograr ni mágicamente ni sin compromisos personales. Somos invitados a tomar decisiones conscientes y concretas. Pero, ¿cómo podemos hacerlo? A este interrogante hay que enfrentarlo seriamente de una vez por todas. Es hora de despertar de la parálisis en la que hemos caído.

Comencemos por lo más sencillo y cercano. Nosotros mismos. Quienes somos cristianos inmediatamente acudimos a Dios y Su Palabra, ya que en ella encontramos una orientación apropiada y autorizada. Lo invitamos, estimada/o lector/a, a considerar honestamente la visión de Dios para una transformación de nuestras vidas. El enfoque bíblico se dirige directamente al corazón, Dios no anda con rodeos. Sentencia que del corazón surgen los malos hábitos, dañinos pensamientos y censurables motivaciones. La Biblia es un gran espejo que nos devuelve la real imagen de lo que somos y hacemos. Nos duele pero es la verdad. Necesariamente debemos enfrentarnos a este triste cuadro. Pero el Dios de La Biblia -que es el Dios de las oportunidades- nos ofrece una puerta abierta a la transformación de vida. En Jesucristo encontramos vida nueva. Empecemos ahí, con nosotros. Pasemos el control a Dios. Que sea El quien ordene nuestras vidas. Arremánguese y encare la cuestión de fondo: ¿Quién manda en su vida? No se tarde en responder porque algún día lo será.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Decálogo técnico del llamado por Samuel O. Libert

Años atrás me atreví a redactar y publicar un sencillo «decálogo técnico» con recomendaciones prácticas sobre el llamado a hacer decisiones públicas. Permítanme reproducirlo, con pequeñas modificaciones:

1. SEA BREVE, pero no «corte» la invitación si ve que la gente sigue llegando a la plataforma o está en camino.

2. SEA CLARO, explicando qué clase de invitación hace, por qué, para qué y de qué manera visible hay que indicar la decisión (levantando la mano, poniéndose de pie, pasando al frente, etcétera).

3. SEA CONCRETO, haciendo notar que la invitación se dirige a los visitantes, y no a los miembros de la iglesia, informándoles que pueden tomar una decisión aunque sea la primera vez que asistan, que no importa su religión, ni su cultura, ni su condición social, y que se trata de responder «si» o «no» a Jesucristo.

4. SEA SINCERO. No haga una invitación fácil, enfatizando las ofertas y ocultando las demandas del evangelio. No es asunto de preguntar si están de acuerdo con lo que usted ha dicho o con la doctrina, sino si quieren aceptar a Cristo como Señor y Salvador, y comprometerse a seguirlo y obedecerlo.

5. SEA HONESTO. No manipule a la gente, no utilice durante la invitación recursos melodramáticos, ilustraciones «lacrimógenas» o terroríficas, ni historias trágicas. No prometa cosas que usted mismo no sabe si se van a producir. Recuerde que no es bueno crear artificialmente una serie de emociones que pueden enmascarar los genuinos sentimientos engendrados por el Espíritu Santo.

6. SEA PRACTICO, informando con exactitud cuál es el propósito de los consejeros, si los hay, y cómo identificarlos. Diga qué deben hacer las personas que pasan al frente, a fin de evitar confusiones. Al mismo tiempo, sugiera que quienes hayan tomado una decisión sean esperados durante unos momentos por sus familiares o acompañantes, porque los consejeros no se extenderán demasiado tiempo.

7. SEA OPORTUNO y aproveche sanamente la ocasión para dirigirse desde el púlpito a todos los que hayan hecho decisiones, recomendándoles que desde ese mismo día empiecen a testificar e invitar a sus familiares, amigos, vecinos y demás relaciones, procurando guiarlos a un encuentro personal con Cristo y llevarlos a las reuniones de evangelización.

8. SEA FIEL a la sana doctrina y recuerde en su interior que los verdaderos frutos son obra del Espíritu Santo. Haya o no haya resultados visibles, dé la gloria a Dios.

9. SEA PRUDENTE. No permita que el trabajo de los consejeros o cualquier otra tarea que se haga para atender a los nuevos creyentes e interesados sea improvisado o cumpla con negligencia. Planifique y controle cada detalle, juntamente con los demás responsables.

10. SEA CUIDADOSO, porque muchas veces habrá «lobos vestidos de ovejas» pertenecientes a sectas falsas, los que se mezclarán con lo consejeros y pasarán al frente como si fueran recién convertidos, a fin de «asesorar» a los que han tomado decisiones o identificarlos. Luego al salir de la reunión, los acompañarán con el propósito de obsequiarles su propia literatura e invitarlos a cursillos inculcándoles sus doctrinas heréticas.

Lectura frecuente de la Sagrada Escritura por San Juan Crisóstomo s. IV.

Queridísimos, es una cosa muy buena la lectura de las divinas Escrituras. Da sabiduría al alma, eleva la mente al cielo, hace al hombre agradecido, nos impulsa a no admirar las realidades de aquí abajo, sino a vivir con el pensamiento puesto allá arriba, a realizar todas nuestras obras con la mirada fija en la recompensa que nos dará el Señor, a dedicarnos al trabajo de la virtud con gran entusiasmo. Gracias a ellas, podemos conocer la providencia de Dios, siempre dispuesta a prestar auxilio; la valentía de los justos, la bondad del Señor, la grandeza de los premios. Nos pueden impulsar a imitar fervorosamente la piedad de hombres generosos, para no adormecernos en las batallas espirituales y para confiar en las promesas divinas antes de que se cumplan.

Por esto os exhorto: ¡leamos con mucha atención las Escrituras divinas! Alcanzaremos su verdadera comprensión si nos dedicamos siempre a ellas. No es posible, en efecto, que quien demuestra gran cuidado y deseo de conocer las palabras divinas se quede en la estacada. Incluso si no tiene ningún maestro, el Señor mismo entrará en nuestros corazones, iluminará nuestra inteligencia, nos revelará las verdades escondidas; será Él nuestro Maestro en lo que no comprendamos, con tal de que nosotros estemos dispuestos a hacer lo que podamos (...).

Cuando tomamos en nuestras manos el libro espiritual, hemos de poner en vela nuestro espíritu, recoger nuestros pensamientos, echar fuera cualquier preocupación terrena. Dediquémonos entonces a la lectura con mucha devoción, con gran atención, para que se nos conceda que el Espíritu Santo nos guíe a la comprensión de lo que está escrito, sacando así gran utilidad. Aquel hombre eunuco y bárbaro, ministro de la reina de los etíopes, que era un hombre importante, no descuidaba la lectura de la Escritura ni siquiera cuando estaba de viaje. Teniendo en sus manos al profeta [Isaías], leía con mucha atención, incluso sin comprender lo que tenía ante sus ojos; pero como ponía de su parte cuanto podía -diligencia, entusiasmo y atención-, obtuvo un guía (cfr Hech 8,26-40).

Considera, por tanto, qué gran cosa es no descuidar la lectura de la Escritura tampoco durante los viajes, ni yendo en carro. Escuchen esto quienes ni siquiera en su propia casa admiten que haya que leer la Sagrada Escritura, con la excusa de que conviven con su mujer o militan en el ejército, porque están preocupados por los hijos, dedicados al cuidado de los parientes, o comprometidos en otros negocios.

Ese hombre era eunuco y bárbaro: dos circunstancias suficientes para que hubiese sido negligente. Otros factores eran su dignidad y sus grandes riquezas, y el hecho de viajar en una carroza, pues no es fácil dedicarse a la lectura cuando se viaja así; más aún, resulta costoso. Y, sin embargo, su deseo y su celo superaban cualquier impedimento. Hasta tal punto estaba enfrascado en la lectura, que no decía lo que muchos repiten en el día de hoy: "No entiendo lo que contiene, no logro comprender la profundidad de la Escritura; ¿por qué, pues, voy a sujetarme inútilmente y sin fruto a la fatiga de leer, sin que nadie me guíe?". Nada de eso pensaba aquel hombre, bárbaro por la lengua pero sabio por el pensamiento. Creía que Dios no lo despreciaría, sino que le mandaría alguna ayuda de lo alto, con tal de que él hubiese puesto lo que estaba de su parte, dedicándose a la lectura. Por eso, el Padre benigno, viendo su íntimo deseo, no le descuidó ni le abandonó a sí mismo, sino que le mandó enseguida un maestro.

Este bárbaro está en condiciones de ser maestro de todos nosotros: de quienes llevan una vida privada, de quienes están enrolados en el ejército, de quienes gozan de autoridad. En una palabra, puede ser maestro de todos; no sólo de los hombres, sino también de las mujeres -tanto más que siempre están en casa-, y de los que han elegido la vida monástica. Aprendan todos que ninguna circunstancia es obstáculo para leer la palabra divina, que es posible hacerlo no sólo en casa, sino en la plaza, de viaje, en compañía de otros o cuando estamos metidos en plena actividad. Si nosotros hacemos lo que está en nuestra mano, pronto encontraremos quien nos enseñe. Porque el Señor, viendo nuestro afán por las realidades espirituales, no nos despreciará, sino que nos mandará una luz del cielo e iluminará nuestra alma. No descuidemos, por tanto -os lo ruego-, la lectura de la Escritura.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL LIDER CRISTIANO, UN SIERVO DE DIOS por José O. Telmo

Intento volcar aquí una serie de lecturas que realicé sobre el tema del liderazgo cristiano hechas hace bastante tiempo pero que siguen teniendo la validez debido a su oportuno contenido. Fue dirigida inicialmente a líderes de adolescentes y jóvenes pero que por su tenor, bien pueden ser aplicadas a todos aquellos que desempeñan funciones con responsabilidad pública entre el pueblo de Dios. Con algunas modificaciones y actualizaciones obligatorias, las ofrezco rogando a Dios que puedan resultar de provecho como lo fueron para mí.
Por José Omar Telmo

I. INTRODUCCION

No sé por qué extraña razón muchos creyentes piensan que el estudio de la teología es algo tan abstracto que no resultará en utilidad alguna para el que desea servir a Dios. Oponen la tarea ministerial a la reflexión teológica y la pasión del servicio a la actividad intelectual. Mi pensamiento es que esos asuntos son necesarios conjuntamente y conviven perfectamente. Exhibo como prueba de ello la vida y obra del apóstol Pablo.
Si de algo nos va a servir la teología es que nos permita vivir según la piedad cristiana y en el centro de la voluntad de Dios. Si nos ofrece algo menos que eso, no es digna materia de ocupación del creyente en Cristo.
Pero he aquí la formación en teología debe ser de naturaleza espiritual, enfatizando la santidad progresiva y la manifestación creciente del fruto del Espíritu Santo. Nos atrevemos a afirmar que otra clase de mujeres y hombres no están en la mente de Dios. Me permito compartirles mi visión sobre la formación de los líderes en esta breve reflexión apuntando al corazón del tema, dejando para una mejor ocasión consideraciones más extensas.


Dame un hombre de Dios, un hombre,
Cuya fe sea la que dirija su mente,
Y enderezaré todos los errores
Y bendeciré el nombre de toda la humanidad.

Dame un hombre de Dios, un hombre,
Cuya lengua esté ungida con fuego del cielo,
Y haré arder oscuros corazones
Con gran resolución y limpio deseo.

Dame un hombre de Dios, un hombre,
Un poderoso profeta del Señor,
Y yo traerá paz sobre la tierra,
Conseguida con oración y no con espada.

Dame un hombre de Dios, un hombre,
Cuya visión sea verdadera,
Y yo reconstruiré vuestras ruinosas capillas
Y traeré las naciones a sus rodillas.

Dame hombres que igualen a mis montañas,
Dame hombres que igualen a mis valles,
Hombres con imperios en sus propósitos,
Hombres con épocas en su forma de pensar.

George Liddell (Traducción Carlos Egea)

II. DESARROLLO

Leía hace poco a Alberto F. Roldàn así: «Vivimos en un mundo caracterizado, entre otros factores, por la globalización, la posmodernidad y el pluralismo. Todo está sometido a cambios -como siempre ha sido en la historia- sólo con un detalle: los cambios, ahora, son más profundos y más vertiginosos.» La sociedad como organismo vivo que es, recurrentemente se enfrenta a distintas crisis. Actualmente una de las más severas que enfrenta es la del liderazgo. Dentro de "la casa de Dios" se sufre en mayor grado esta crisis. ¿Saben por qué? Porque la crisis de liderazgo es una crisis de carácter, de relaciones personales, de prioridades y de ética.
Continuamente oímos de problemas que esto genera. Quejas y críticas, rencillas y entredichos, desencuentros y rupturas se multiplican dejando una triste secuela de desánimo colectivo, indiferencia por la obra, apatía espiritual, enconos profundos difíciles de desarraigar; en definitiva, toda una sensación de fracaso e impotencia espiritual. La cuestión insoslayable es: ¿qué debemos hacer?
Un buen líder "súperhombre" es la solución, proclaman algunos. Otros predican que "Basta una buena organización disciplinada". También los hay que promueven "actividades novedosas" para mantener un atractivo engañoso. ¿Qué podemos hacer?
Nada de eso. La Biblia, la Palabra de Dios inerrante, infalible, eterna y autoritativa enseña que lo que Dios necesita son hombres y mujeres dispuestos, solícitos, que se entreguen en sus manos y El, entonces, hará la obra que tiene que hacer. Alguien lo escribió de esta forma: «En una gran medida, según la pureza y las perfecciones del instrumento será el éxito. No es tanto los grandes talentos lo que Dios bendice como la semejanza a Jesús. Un ministerio santo es un arma asombrosa en las manos de Dios.»
¿Hacen faltan los ejemplos bíblicos? Aquí van algunos. El más conocido y puesto en primer lugar generalmente es Nehemías. Nehemías es presentado en La Biblia como el hombre que comenzó, continuó y culminó una obra. Esa es la principal lección que hemos de aprender.
También tenemos estos ejemplos:
 Moisés = Éxodo 3 :10
 Josué = Josué 1:2ss
 Gedeón = Jueces 6:14
 Samuel = 1 Samuel 3 :10
 David = 1 Samuel 13 :14 y Salmo 89 :20
Y en el Nuevo Testamento se nos enseña que Cristo dio dones a los hombres y luego dio esos hombres dotados a su Iglesia. Hombres que voluntariamente se dieron primeramente al Señor y luego a su pueblo (Efesios 4:7-12; 2 Corintios 8:5; 3 Juan 7).
 Pablo = Hechos 9:5-6
 Timoteo = 1 Timoteo 4:12, 6:11, 2 Timoteo 4:5
 Tito = Tito 2:15
 Pedro y Juan = Hechos 1:15, 2:14, 3:1, 4:8,13
 Esteban y diáconos = Hechos 6:1-7, 15; 7:59-60
 Los apóstoles = Mateo 19:27
Si algo nos enseña estos textos, es que Dios está buscando a cierto tipo de hombre. Plugo a Dios hacer su obra con instrumentos humanos falibles pero perfeccionados por su trabajo disciplinario. Consideren los siguientes pasajes:
"Jehová se ha buscado a un varón conforme a su corazón" (1 Samuel 13:1).
"Hallé a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción." (Salmo 89:2).
"Miré, y no había hombre" (Jeremías 4:25).
"Recorred las calles de Jerusalén, y mirad...si halláis hombre...que haga justicia que busque la verdad; y yo le perdonaré" (Jeremías 5:1).
"Y busqué entre ellos hombre...que se pusiese en la brecha" (Ezequiel 22:30).
"¿Por qué cuando vine, no hallé a nadie, y cuando llamé, nadie respondió? ¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?" (Isaías 50:2).
Sí, Dios está buscando una clase de hombre. Cuando Dios halla a un hombre que se ajusta a su carácter espiritual y que gustosamente paga el precio del discipulado, El lo usa hasta el máximo a pesar de sus defectos y limitaciones.
La necesidad más urgente de la iglesia, si ha de cumplir con su obligación en esta generación, es un liderazgo que sea autoritativo (porque la gente ama ser guiada por alguien que sabe adónde va y que inspira confianza), espiritual (porque un liderazgo que no lo es, puede ser plenamente explicado en términos naturales) y sacrificado (porque el modelo es la vida de nuestro Señor que se dio a sí mismo por todo el mundo).
El liderazgo es a menudo visto como el producto de dotes naturales, de rasgos de personalidad, capacidad intelectual, fuerza de voluntad, vigor y entusiasmo. Los líderes espirituales no son hechos por elección o nombramiento, no por hombres. Solo Dios puede hacer un líder. El liderazgo espiritual es cosa del Espíritu y únicamente conferido por Dios.
Los requisitos de Dios deben ser cumplidos en secreto antes de que El los honre en público. Y esto, ¿por qué? Porque los creyentes inmaduros hacen líderes ineptos. Por eso Dios los prueba primero.
En Hebreos 2:10 y 12:2 se nos muestra a “nuestro Señor Jesucristo como: El líder y exponente perfecto de la fe. El originó el principio de la fe (confianza) en Dios y El perfeccionó el desarrollo de la fe al renunciar a su gloria original, al humanarse, andar por la tierra como un ser dependiente y sobre todo al entregarse para morir en la cruz." En todo Cristo es el ejemplo supremo. Veamos estos otros textos:
"Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve." (Lucas 22:27 ).
"Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos." (Marcos 10:45).
¿Qué nos enseña?
Si algo nos enseña es que el líder desde el punto de vista bíblico no es uno a quien las personas siguen sino uno quien sirve a las personas. El líder no es señor de algunos sino siervo de todos. No importa el número de simpatizantes ni la clase de apoyo que recibe sino su actitud de servicio.
Nosotros hablamos de liderazgo pero Cristo habla de servicio. Es necesario repetirlo para entenderlo bien. El buen líder en las Escrituras no es evaluado por el número de seguidores sino por la calidad de su servicio, a quienes mejor sirve. Nosotros hablamos de genio político pero Cristo habla de humanidad transparente. Nosotros hablamos de importancia personal pero Cristo habla de humildad genuina. Nosotros hablamos de inteligente habilidad pero Cristo habla de honestidad absoluta. Hablamos distinto lenguaje. Manejamos distintos conceptos.
Cristo mismo ilustró con su vida la enseñanza. El vino a servir y dar su vida. Un siervo, no una celebridad. Nosotros en cambio sufrimos del "síndrome de la celebridad". Dios utiliza siervos no líderes. No se trata de una cuestión de palabras o de nombre, sino de actitud. En sus cartas Pablo se presenta como "esclavo" o "siervo" o a lo sumo como "apóstol de Jesucristo"; nunca como líder. Es más, en cierta parte él dice cómo los hombres deben llegar a ver a los líderes cristianos: "Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios." (1 Corintios 4:1). Nos está diciendo que el ministro de Dios está para ¡servir!, no para liderar.
No es que no haya líderes. Los hay, gracias a Dios por ello. El tema es que del punto de vista de Dios sólo se ven siervos, aunque del nuestro divisemos líderes. Pero nunca debemos olvidar el punto de vista divino, es el que importa.
Dios está buscando esa clase de hombres y mujeres que desea transformar en guías de su pueblo. Su Espíritu preparará el temple de ese escogido creyente según el horno de su prueba hasta que esté listo para un eficaz servicio. No nos engañemos, es el método de Dios. Ninguna otra cosa se puede emplear en su reemplazo: ni institutos por buenos que sean; ni cursos por rápidos que fueren; ni técnicas por fructíferas que resultaren. Es necesario armarse de tal pensamiento: sólo Las Escrituras dan una respuesta definitiva para formar esa clase de hombres que a la larga serán los utilizados por Dios tan poderosamente en beneficio de su iglesia y de la sociedad toda.
Un drama tras bambalinas se está desarrollando y como complacientes espectadores ignoramos el peligro que se está gestando. Una plaga silenciosamente se está propagando. ¿De qué estamos hablando sino del analfabetismo escritural que impide el crecimiento espiritual de los líderes, de sus familias y de las iglesias bajo su cuidado? En el altar de las ideas de moda sacrificamos las sagradas letras y obtenemos el pobre premio de un éxito pasajero. Hoy pan, mañana hambre. Nos resistimos a tomar de La Biblia el modelo para el liderazgo cristiano. Nos cuesta entender que es Dios quien llama a los hombres al liderazgo en nuestro tiempo y pocos de nosotros somos buenos líderes. De hecho, cuando estamos bajo ataque por una cultura que desafía la autoridad de Dios, nos vemos tentados a rendirnos rápidamente.
En palabras de don Horacio Alonso decimos que «la formación de un siervo es un acto de Dios». Los ejemplos citados más arribas respaldan la afirmación. Es un acto de Dios soberano y solo sabio. Como corolario de lo anterior podemos decir que cuando Dios levanta a un siervo suyo nadie podrá impedirlo. Pero el problema en esto es que en cierto modo nos rendimos a la presión de nuestro entorno en temas como el liderazgo y en vez de emplear el modelo bíblico, nos dejamos seducir por los buenos razonamientos del mundo. Optamos por las bien intencionadas conclusiones de hombres sin duda capaces pero carentes de formación bíblica y entonces, fallamos. La obra de Dios se hace a su manera o no se hace.
Un ejemplo lo tenemos en la adopción de algunos siervos de Dios de los principios del liderazgo de Rudolph Giuliani, quien expresa sus conceptos de esta manera: «Mi experiencia como fiscal de los Estados Unidos y los lamentables acontecimientos que he tenido que atravesar como alcalde de Nueva York, me demostraron que para ser un líder exitoso una persona debe tener seis principios básicos:
 Creencias y principios firmes que oficien de guía.
 Ser optimista y poseer aspiraciones frente a los problemas.
 Tener coraje. Esto no significa no tener miedo sino saber manejarlo.
 Estar preparado y capacitado para tomar decisiones en cualquier situación.
 Fomentar el trabajo en equipo, equilibrando fortalezas y debilidades.
 Comunicar de forma eficaz lo que espera de los demás.»
¿No son cosas correctas y que dicta el sentido común? Muy buenas por cierto pero ¿surgen del análisis del texto bíblico? ¿No sería mejor invertir tiempo para averiguar sus fundamentos en Las Escrituras? Veamos lo que espigaron otros hermanos indagando sobre el tema.
Aunque el liderazgo es una obra de Dios, Las Escrituras nos muestran que los cristianos participan en este proceso. Hay algo que Dios espera encontrar en ellos como respuesta a su gran amor. Algo central e imprescindible. Pronto se descubre en ese creyente que el Evangelio ha impactado su corazón, una transformación ocurrió en su vida, ha nacido una actitud nueva.

Ahora estamos en condiciones de mirar a las características de un buen líder:
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que tiene un solo gran propósito en su vida (1 Timoteo 4:15, Mateo 6:24).
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que, por la gracia de Dios, se ha desprendido de todo aquello que pueda trabar su vida. (Hechos 20:24, Filipenses 3:7-9)
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que se ha puesto totalmente a disposición de Dios. (Salmo 101:6, Juan 12:26)
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que ha aprendido a perseverar en la oración. (Colosenses 1:3, 1 Tesalonicenses 1:3, Efesios 6:18)
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que se dedica al estudio de su Santa Palabra. (Salmo 119:11, 1 Timoteo 4:13-15, Salmo 1:2, Romanos 7:22)
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que tiene un mensaje vivo que dar al mundo perdido. (2 Timoteo 4:1-2, Hechos 20:24, Romanos 10:14-15)
 El hombre a quien Dios utiliza es el hombre de fe, que espera ver resultados. (Gálatas 4:11,19; 1 Corintios 15:58, 1 Tesalonicenses 3:5-8)
 El hombre a quien Dios utiliza es aquel que actúa bajo la unción del Espíritu Santo. (Hechos 1:8; 6:3,5; Efesios 5:18, Deuteronomio 34:9).

«Alguien ha dicho que el estudio apropiado de la humanidad es el hombre. Es igualmente cierto que el estudio apropiado para los elegidos de Dios es Dios mismo. La ciencia más elevada, la especulación más encumbrada, la filosofía más vigorosa, que puedan jamás ocupar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos, y la existencia de ese gran Dios a quien llamamos Padre. El conocimiento acerca de Dios tiene una importancia crucial para el desarrollo de nuestra vida. Debemos procurar que el estudio de Dios nos lleve más cerca de El. Lo importante es conocer a Dios, no acerca de Dios. Hay diferencia entre conocer a Dios y el mero conocimiento acerca de Dios.»
Hemos sido hechos para conocer a Dios (Juan 17:3, Jeremías 9:23-24, Oseas 6:6, 2 Corintios 5:16). El conocer a Dios es cuestión de trato personal, tratar con Dios; es cuestión de compromiso personal, es una relación emocional, intelectual y volitiva. Pero especialmente es una cuestión de gracia, la iniciativa parte invariablemente de Dios. Lo que interesa por sobre todo es el hecho de que El me conoce a mí.
Para el hombre que conoce a Dios, las pérdidas que sufre y las "cruces" que lleve cesan de preocuparlo; lo que ha ganado sencillamente elimina de su mente dichas cosas. ¿Qué otro efecto tiene sobre el hombre el conocimiento de Dios sino la sublime recompensa de dialogar con el Ser más grande del universo?
He aquí algunas pruebas para evaluar nuestro conocimiento de Dios:
 Quienes conocen a Dios despliegan gran energía para Dios (Daniel 11:32). Los hombres que conocen a su Dios son antes que nada hombres de oración; y el primer aspecto en que su celo y su energía por la gloria de Dios se ponen de manifiesto es en sus oraciones. El fruto del verdadero conocimiento de Dios es la energía para obrar en pro de la causa de Dios, energía, ciertamente, que sólo puede encontrar salida y alivio para esa tensión interior cuando se canaliza mediante dicha clase de oración.
 Quienes conocen a Dios piensan grandes cosas de Dios (Daniel 4:5, 26 y 5:21). Daniel nos dice la verdad de ese gran Dios que domina la historia y nos muestra su Soberanía en actos de juicio y misericordia tanto para con los individuos como con las naciones, según su propia voluntad. ¿Podemos decir que este tremendo sentido de su Santa Majestad, de su perfección moral, y de su misericordiosa fidelidad nos mantienen humildes y dependientes, sobrecogidos y obedientes, como lo fue en el caso de Daniel?
 Quienes conocen a Dios evidencian gran denuedo por Dios (Hch.5:29, 20:24). "Atráeme, en pos de tí correremos" (Cant.1:4). Es el espíritu de todos los que conocen a Dios. Puede ocurrir que encuentren extremadamente difícil determinar el curso correcto de acción que deben seguir, pero una vez que están seguros lo encaran con decisión y firmeza. No les molesta que otros hijos de Dios no piensen como ellos y no los acompañen. Mirad a Josué, Elías, Juan el Bautista y el apóstol Pablo.
 Quienes conocen a Dios manifiestan gran contentamiento en Dios (Ro.8:18-39, Fil.4:11-12, 18; Sal.73:25). No hay paz como la paz de aquellos cuya mente está poseída por la total seguridad de que han conocido a Dios, y de que Dios los ha conocido a ellos, y de que dicha relación garantiza para ellos el favor de Dios durante toda la vida, a través de la muerte, y de allí en adelante por toda la eternidad. Solamente los que han buscado al Señor Jesús hasta encontrarlo son los que pueden pararse ante el mundo para dar testimonio de que han conocido a Dios.
Confesemos que mucho de nuestro liderazgo hoy es improvisado, superficial y un tanto egocéntrico. Confesémosle a Dios que ya no podemos seguir así. Ya es hora de que nos consagremos definitivamente a Él (Romanos 12:1-2), porque la gloria de la Persona que llama así lo requiere, porque la dignidad del ministerio así lo demanda y porque el tribunal de Cristo está próximo.
El liderazgo actual debe ser uno bien preparado, en todas sus facetas, dice Lucas Leys hablando de los cualidades de los líderes juveniles. ¿Acaso osamos aplicar algo menos para el resto del servicio cristiano?

III. ORACION DEL SIERVO DE DIOS

"Señor, no me pertenece a mí el cuidado
de si muero o vivo;
mi parte es amarte y servirte,
y esto debe darlo tu gracia.

Si la vida es larga, estaré contento
de que pueda obedecer mucho tiempo;
si corta...¿por qué habría de estar triste
de remontarme hacia el día interminable?"

IV. BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
Alonso, Horacio A. "Avivamiento y plenitud del Espíritu Santo", LECSA, 1990.
“La formación de la generación futura”, Retiro de Ancianos y Colaboradores, Córdoba, material inédito, 1992.
Barber, Cyril J. "Nehemías: dinámica de un líder", Editorial Vida, 1990.
Campos, Oscar “Teología evangélica para el contexto latinoamericano”, Kairós Ediciones, 2004.
Cole, Edwin L. “Hombres fuertes en tiempos difíciles”, Editorial Betania, 1994.
Chafer, Lewis S. "El Hombre espiritual", Publicaciones Portavoz Evangélico, 1983.
Engstrom, Ted W. "Un Líder no nace, se hace", Ediciones Betania, 1980.
Giannelli, Américo “Liderazgo y trabajo en equipos”, PFByM, material de apoyo de clase, 2008.
Monroy, Juan A. “Hombres de fuego”, Editorial CLIE, 1979.
“La formación del líder cristiano”, Editorial CLIE, 1992.
Motyer, J. Alec "Construyendo con Dios: Nehemías", Ediciones Hebrón, 1980.
Nee, T.S.(Watchman) "El obrero cristiano normal", Ediciones Hebrón, 1979.
Orr, William W. "Como conocer la voluntad de Dios", Editorial CLIE, 1990.
Packer, James I. "Hacia el conocimiento de Dios", Logoi, 1979.
Rossier, H. "Estudio sobre el libro de Nehemías", Ediciones Bíblicas, 1981.
Rush, Myron D. "Liderazgo: Un enfoque bíblico a la administración", Editorial Unilit, 1985.
Sanders, J. Oswald "Liderazgo espiritual", Outreach Publications, 1980.
Smith, Oswald J. "El Hombre a quien Dios utiliza", World Literature Crusade Press, 1957.
Spurgeon, Charles H. "Discursos a mis estudiantes", Casa Bautista de Publicaciones, 1979.
Stott, John R.W. "Los desafíos del liderazgo cristiano", Ediciones Certeza Abua, 1990.
Swindoll, Charles R. “Cómo vivir sobre el nivel de la mediocridad”, Editorial Vida, 1990.
"Desafío a servir", Ediciones Betania, 1983.
Tozer, Arthur W. “La Búsqueda de Dios", Editorial Alianza-Christian Publications, Inc., 1977.

Urias Ben Semaías - Un desaparecido por Jorge A. Pluis

Esta es la historia de un valiente profeta contemporánero de Jeremías. En momentos difíciles de retroceso espiritual elevó su voz contra el pecado del pueblo y la elite gobernante. Fue amenazado de muerte y perseguido por su fidelidad al Señor. Tuvo que exiliarse en Egipto y de allí fue secuestrado por un grupo de tareas especiales enviado por el impío Joacim. Trasladado a Jerusalén sufrió el martirio y quedó “desaparecido” ya que su cuerpo fue arrojado en los sepulcros del vulgo. Podemos leer su dramática y heroica historia en Jeremías 26:20-23.


Urias, buen hijo del buen Semaías
lamenta tu muerte Quiriat-jearim.
Dijiste el mensaje que dio Jeremías.
Vibro por la tierra tu voz de clarin.

Palabra severa veráz proclamaste
Al pueblo que es duro de tanto pecar.
Al rey sus grande valientes enfrentaste
porque eras profeta de Dios en verdad.

Urías, Urías, escapa a la vida.
Egipto te libre del cruel Joacim.
El Dios de los cielos será quien decida
que viertas tu sangre de puro carmin.

Por gente siniestra serás secuestrado,
el grupo comando del fiero Elnatán.
Y en manos de malos serás entregado.
La palma de martir te concederán.

No tiene tu nombre la fama y la gloria
de santos varones que Dios suele usar.
Tus sienes no tienen laureles de victoria
ni tumba tu cuerpo para descansar.

No existe sepulcro donde ir a llorarte.
En fosa sin nombre sepultado estas.
Urías no importa. El Dios al que honraste
hará que tu nombre no muera jamas.

Perdiste en la tierra. Ganaste en el cielo.
¡Urías! ¡Urías! ¡Cuán grande tu honor!
Modelo de siervo que sirve con celo
y todo lo entrega por un bien mayor.

Mi turno es ahora de dar el mensaje
Y quiero entregarlo con fidelidad.
Tu ejemplo me ayuda, me infunde coraje
Urías servimos al mismo Jehová.

Jorge A. Pluis (Rosario Enero 06 de 2006 A.D.)